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Entre deepfakes, desinformación y mentiras: ¿cómo recuperar la confianza?

Entre deepfakes, desinformación y mentiras:  ¿cómo recuperar la confianza?

Vivimos en una época en la que la verdad compite, todos los días, con versiones manipuladas de la realidad. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información y, al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil distinguir entre un hecho comprobado y una narrativa diseñada para influir en nuestras emociones.

Ese es precisamente el punto de partida del libro  Rodeados de mentirosos, de Thomas Erikson. Aunque el libro comienza con una afirmación provocadora —todos mentimos, en mayor o menor medida—, cada hoja en que se avanza la lectura, deja de ser una reflexión sobre las pequeñas mentiras cotidianas para convertirse en una exploración sobre las consecuencias que tiene el engaño cuando llega al liderazgo, la política, los negocios y los medios de comunicación.

¿Qué ocurre cuando la mentira deja de ser un comportamiento individual y se convierte en un problema estructural que deteriora la confianza en toda una sociedad?

La confianza es uno de los recursos más valiosos para cualquier democracia. Sin ella, las personas dejan de creer en las instituciones, en las empresas, en la ciencia, en los medios de comunicación e incluso entre ellas mismas. Cuando la confianza desaparece, el espacio público se llena de sospechas, polarización y desinformación.

Erikson ilustra este fenómeno mediante casos ampliamente conocidos. Analiza historias de grandes estafadores, como el llamado “Estafador de Tinder”, pero también muestra cómo la mentira puede escalar hasta influir en acontecimientos que transforman el rumbo de países enteros.

Uno de los capítulos aborda el caso de Cambridge Analytica, la consultora política que utilizó datos personales para construir campañas altamente segmentadas durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 y el referendo del Brexit en el Reino Unido. Más allá del escándalo tecnológico, el episodio demuestra que la manipulación de la información puede alterar decisiones democráticas cuando las emociones pesan más que la evidencia.

Informar ya no es suficiente: Hoy también es necesario ayudar a las audiencias a comprender cómo operan los mecanismos de manipulación y qué herramientas existen para enfrentarlos.

El libro adquiere aún mayor actualidad cuando explora los desafíos del ecosistema digital. Erikson analiza fenómenos como las fake news, los deepfakes, el catfishing y la creación de burbujas informativas en redes sociales, donde los algoritmos refuerzan nuestras propias creencias y reducen el contacto con perspectivas diferentes.

Estos fenómenos representan uno de los mayores desafíos para el periodismo contemporáneo. Si cualquier imagen, video o declaración puede ser fabricada mediante inteligencia artificial, el valor del trabajo periodístico ya no radica únicamente en publicar primero, sino en verificar mejor.

Aquí aparece uno de los principios centrales del periodismo para el cambio: frente a la velocidad de la desinformación, la respuesta no puede ser producir más ruido, sino construir mayor confianza.

La confianza se construye con evidencia verificable, transparencia metodológica, diversidad de fuentes, contexto y capacidad para reconocer los errores cuando ocurren. No se trata únicamente de denunciar la mentira; también es necesario explicar cómo identificarla y fortalecer las capacidades críticas de la ciudadanía.

En los capítulos finales, Erikson explora la relación entre ciertos rasgos narcisistas y psicopáticos con el uso sistemático de la mentira. Analiza cómo el egocentrismo, la búsqueda permanente de reconocimiento y la incapacidad para asumir responsabilidades pueden convertir el engaño en una estrategia de poder.

Aunque estas reflexiones resultan relevantes, quizá el mayor aporte del libro no está en clasificar a los mentirosos, sino en recordarnos que toda mentira tiene consecuencias colectivas. Cada información falsa compartida, cada dato manipulado y cada historia construida para dividir termina debilitando el tejido social.

No basta con verificar hechos. También debemos reconstruir la confianza pública mostrando que existen personas, organizaciones y comunidades que trabajan desde la transparencia, la ética y la rendición de cuentas. Contar únicamente los problemas termina reforzando la sensación de que el engaño es inevitable. Mostrar las respuestas basadas en evidencia ayuda a recuperar la capacidad de actuar.

La lucha contra la desinformación no se gana únicamente desmontando noticias falsas. Se gana fortaleciendo el pensamiento crítico, promoviendo la alfabetización mediática y demostrando que la verdad sigue siendo una herramienta para transformar la realidad.

En tiempos de inteligencia artificial generativa, campañas de manipulación digital y polarización creciente, Rodeados de mentirosos adquiere una relevancia que va más allá de la psicología del comportamiento humano. Es una invitación a comprender que la confianza no es un recurso inagotable y que recuperarla exige un compromiso permanente con la honestidad, la evidencia y la responsabilidad.

Porque, al final, las sociedades no se sostienen sobre la perfección de sus líderes ni sobre la infalibilidad de sus instituciones. Se sostienen sobre la posibilidad de creer que la verdad sigue teniendo valor.

Y quizás esa sea hoy una de las tareas más importantes del periodismo: no solo revelar aquello que está mal, sino contribuir a reconstruir la confianza que hace posible una democracia más fuerte, una ciudadanía mejor informada y una sociedad capaz de encontrar soluciones compartidas.


La opinión expresada en esta entrada de blog es de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de Pacto Global Red Colombia.

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